Tiempos Finales

La Biblia habla claramente que el último imperio humano sobre la tierra estará compuesto por la alianza de muchos países y tendrá un solo gobernante, llamado por la Palabra, “el anticristo”.

Pero las Escrituras anuncian que este gobierno mundial será interrumpido por la Segunda Venida de Jesús.

Mas lo que depara a todo aquel que rechazó su oportunidad de reconciliarse con Dios por medio de Jesucristo, es el juicio final, donde serán condenados al infierno eterno.

La Iglesia está a punto de enfrentar lo que la Biblia denomina la “gran tribulación” y al final de esta, será arrebatada visiblemente “en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así (estará) para siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).

La Biblia no habla en absoluto de un “rapto secreto” antes de la “gran tribulación”.

Daniel 7:19-27; Daniel 2:40-45; Apocalipsis 13; Apocalipsis 17:7-13; 2 Tesalonicenses 2:3-9; Mateo 24:1-35; Apocalipsis 19:6-8;  Apocalipsis 20:11-15

Los Dones Espirituales y los Milagros

Los dones reflejados en 1 Corintios 12:4-10 están vigentes y disponibles por el Espíritu Santo hoy en día.

No hay pasaje bíblico que hable de que estos dones han cesado.

Dios sigue “testificando” juntamente con la Iglesia con “señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Hebreos 2:4).

Es una verdad concreta y bíblica que la autoridad apostólica es irrepetible, y que una señal de la misma fueron las “señales, prodigios y milagros” (2 Corintios 12:12).

Pero todo esto, así como en el primer siglo no fue exclusivo de los apóstoles, es una realidad para nosotros a través de la fe.

1 Corintios 12:31; Efesios 4:7,8; Romanos 12:4-8; 1 Corintios 14:1-5; Hechos 15:32; 1 Corintios 14:24,25; Marcos 16:15-18; Hechos 1:8; Hechos 2:1-21; Hechos 2:38,39; Hechos 4:29,30; Hechos 10:44-47; 1 Corintios 2:1-5; 1 Tesalonicenses 1:5

El Obrero Crisitiano

El pastor debe ser “irreprensible, marido de una sola mujer (no se permiten ni adúlteros ni fornicarios), sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará la Iglesia de Dios?); no un néofito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:2-7).

El resto de los líderes de la Iglesia “asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia…

Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo” (1 Timoteo 3:8-11)

También los líderes deben ser “de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría” (Hechos 6:3).

Jesús dijo: “el que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33).

Por lo que el obrero debe ser un ejemplo en cuanto a su seguimiento a Jesús, dejando sus posesiones, su futuro y sus metas a los pies de Jesús.

“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:4).

No se trata de un miembro más de la Iglesia, sino que es parte del liderazgo que debe ser un “ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12)

Jesús tuvo diferentes demandas a diferentes grupos de personas.

El liderazgo de la Iglesia debe ser el grupo más serio y comprometido, no a un hombre, no a doctrinas de hombres, pero sí a su Señor.

Si el Señor le permite conservar algo de lo que tiene debe estar muy seguro que ha sido su Señor que le ha hablado y no que ha sido él quien no ha querido oír la voluntad de su Dios. Ya que conservar lo que Dios quiere que se dé es tan pecaminoso como adulterar o mentir.

Esto NO puede ser utilizado por ningún líder de la Iglesia ni por la Iglesia misma para que alguna persona dé algo.

Como Iglesia SOLO recibimos ofrendas voluntarias mensuales de lo que “cada uno propuso en su corazón” (2 Corintios 9:7).

Cada profesión o trabajo debe ser ejercida con la misma mentalidad que llevaba a Pablo a hacer tiendas (Hechos 18:3) y para cumplir con el mandato bíblico de que “si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8)..

Mateo 4:18-22; Mateo 9:9; Marcos 10:17-31, Hechos 2:44,45; Hechos 4:32-37

Placeres y Entretenimientos Mundanos

Cuando una persona es trasladada de las tinieblas a la luz (Hechos 26:18) cambia toda su manera de pensar y vivir.

El ha “renunciado a la impiedad y a los deseos mundanos” y comienza a “vivir sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:12).

Al creer que ha sido llamado a salir de este mundo (Juan 15:19), decide obedecer el mandato bíblico: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré” (2 Corintios 6:17) y “guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).

Por lo cual ve imposible unir su seguimiento a Cristo Jesús y una vida de placeres, diversiones y entretenimientos mundanos.

“No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Efesios 5:7-12).

También renuncia a los bailes y al hecho concreto de invertir más dinero y tiempo en entretenimientos que en el progreso del evangelio y en la ayuda de sus hermanos y de los pobres.

1 Pedro 1:14-16; 1 Juan 2:15-17; 2 Corintios 6:14-7:1, Santiago 4:4; Efesios 5:1-12

Las Riquezas

Jesús dijo claramente que es imposible que un rico entre en el reino de Dios (Lucas 18:24,25).

La Palabra de Dios prohíbe y condena el deseo de enriquecerse (1 Timoteo 6:6-10), ya que nadie puede “servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).

Mientras que si alguna persona ya es rica según este mundo al rendir su vida a Cristo, la misma debe dejar de “confiar en las riquezas” (Marcos 10:24; 1 Timoteo 6:17), depositar todo su futuro en aquel que cuida de “las aves del cielo” y “los lirios del campo” (Mateo 5:25-34) y en su lugar, utilizar lo que posee para hacerse “rico para con Dios” (Lucas 12:13-21), “rico en buenas obras, dadivoso, generoso” (1 Timoteo 6:18) haciendo “bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote” (Lucas 12:33), dando su dinero para el progreso del evangelio, las necesidades de la Iglesia, la ayuda de sus hermanos y de los pobres, y las Misiones.

¿Cómo alguien puede guardar riquezas para sí mismo y luego decirse seguidor de aquel que “se hizo pobre, siendo rico para que (otros fuesen) enriquecidos” (2 Corintios 8:9)?.

¿Cómo un cristiano genuino que dice amar a su prójimo como a sí mismo y “dar la vida por sus hermanos” (1 Juan 3:16) puede usar como excusa que vive lleno de riquezas porque Dios se las dio, mientras millones padecen graves necesidades dentro y fuera de la Iglesia y hay miles de misioneros por el mundo que son responsabilidad de la Iglesia del Señor?.

“Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?. Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:17,18).

El Señor para el cual todo es posible puede convertir un rico como Zaqueo y hacer que este postre todo lo que tiene delante de Cristo (Lucas 19:1-10).

De esta manera concluimos que hacer tesoros en la tierra es contrario a la Palabra de Dios, ya que Jesús dijo con toda claridad: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6:19).

Muy acertadamente John Wesley dijo: “hacerse tesoros en la tierra está tan claramente prohibido por nuestro Señor como el adulterio y el asesinato”.

Lucas 12:13-21; Lucas 16:1-15; Marcos 10:17-31; 2 Timoteo 2:4; Mateo 6:19-21, Lucas 14:33.

El Dinero y la Iglesia

Es una consecuencia normal e ineludible que el cristiano que ama la obra de Dios y a sus hermanos, dé voluntariamente, según su propio corazón, de su dinero.

Si una persona no usa su dinero para servir a Dios, lo cual es lo mínimo, ¿cómo podrá hacerlo con el resto de su vida?.

Es desagradable delante de Dios que alguien utilice esto para su propio enriquecimiento o mal uso.

El dinero que la Iglesia reúne es para los gastos generales, el sustento de los pastores que estén trabajando de tiempo completo en la obra de Dios y para la ayuda de personas o familias con necesidad.

Lucas 16:1-13; 2 Corintios 9:7; 1 Pedro 5:2; Tito 1: 7; 2 Corintios 11:13-15; 1 Corintios 9:11, 14; Hechos 4:34, 35

La Iglesia

La palabra Iglesia proviene del griego “ekklesía” que se podría traducir como “llamados a salir”.

Y esto hace referencia a las palabras de Jesús: “no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo” (Juan 15:19).

De manera que la Iglesia no se trata de un lugar físico o edificio, sino del conjunto de verdaderos hijos de Dios que han salido del mundo, nacido de nuevo y viven para su Señor.

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y la cabeza de ese cuerpo es Cristo mismo, no un hombre.

Juan 1:12,13; Juan 8:31; Juan 3:3; Efesios 1:22,23; Efesios 5:23; Colosenses 1:18.

El Bautismo en Agua por inmersión en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y la Cena del Señor fueron instituidos por el Señor mismo y son “signos de las cosas santas” (“Confesión de los Valdenses de 1120”. Punto 12)..

Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 2:38; Lucas 14:14-20

La Gran Meta del Cristiano

El cristiano tiene 3 metas principales en su vida:

- Glorificar a Dios con todo su ser cada momento de su vida

- Andar como Cristo anduvo en este mundo

- Vivir en la eterna gloria venidera junto a su Señor

Las metas del cristiano son clara y definidamente diferentes a las de cualquier persona de este mundo.

El no busca fama, riquezas, aplausos, placeres ni comodidad.

A todo esto lo llama “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida” los cuales no provienen de Dios, sino del mundo.

Como muy bien dijo George Müller: “El mal comienza cuando el siervo procura tener riqueza,  grandeza y honra en este mundo donde su Señor fue pobre, humilde y despreciado”.

Romanos 11:36; 1 Corintios 6:20; 1 Juan 2:6; 1 Juan 4:17; Lucas 6:40, Efesios 5:1; Mateo 25:21; Filipenses 1:21-24; Colosenses 3:1-3; Mateo 6:24; Mateo 6:31-33; 1 Juan 2:15-17

Dependencia Absoluta

El cristiano una vez nacido de nuevo debe vivir su vida en total dependencia de Dios. Alimentándose de Su Palabra, fortaleciéndose en la oración y adoración, confiando solo en las fuerzas del Señor en él.

Nunca el cristiano puede considerar que ya es lo suficientemente maduro o fuerte como para ya no necesitar la obra de la cruz en su vida o la dependencia total de la ayuda diaria en el trono de la gracia. El hijo de Dios siempre, en cada momento, necesita a su Dios.

Juan 15:4,5; Gálatas 5:16,17; Romanos 8:12,13; Hebreos 4:16; Romanos 13:14; Salmo 1:1-3

Nuevo Nacimiento

Al creer en Jesús como nuestro sustituto, hemos muerto juntamente con él, y hemos resucitado juntamente con él a una nueva vida. Por lo que se produce un nuevo nacimiento. Una nueva creación espiritual dentro nuestro. Sin esta regeneración es imposible ser cristiano. Es este milagro del nuevo nacimiento, y solo este milagro, lo que permite que ahora vivamos una vida diferente.

Sin esto solo se trata de la aceptación de una religión muerta.

Este nuevo nacimiento es visible. No se trata de algo oculto en el corazón. Sucede en el interior de la persona pero pronto se manifiesta en su manera de vivir. Hay un cambio.

Si la persona verdaderamente ha nacido de nuevo se ve claramente el fruto, si no su conversión ha sido superficial, por lo tanto aún debe arrepentirse genuinamente y postrarse delante de la obra de Jesús en la cruz.

Colosenses 2:13; Efesios 2:5,6; Efesios 2:10; 2 Corintios 5:17; 2 Pedro 1:4; Mateo 5:14-16; Mateo 7:21-23; 1 Juan 3:9,10.

Arrepentimiento y Fé

Solo a través del autentico arrepentimiento de sus pecados y una genuina fe en Jesús y su obra en la cruz del Calvario el ser humano encuentra la salvación y pasa de muerte a vida. El genuino arrepentimiento y fe no es un simple remordimiento como en el caso de Judas. Es un antes y un después que produce sin excepción una vida de buenas obras. No nos salvamos por obras pero sí para obras.

Una fe sin obras está muerta. No es fe verdadera. “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2:3).

Hechos 17:30; Marcos 1:15; Hechos 20:21; Lucas 24:47; Hechos 10:43; Romanos 5:1; Mateo 27:3-10; Efesios 2:8,9; Mateo 5:16; Mateo 25:31-46; Santiago 2:14-26.

Aborrecimiento, Juicio e Infierno

Dios aborrece el pecado, por lo que todo pecador será juzgado y echado al infierno por la eternidad. Dios no es un juez injusto para “tener por inocente al culpable” (Nahum 1:3). El infierno es real y se trata de un castigo eterno y no de una destrucción del cuerpo como enseñan los Testigos de Jehová, y la vida del pecador siempre está pronta a caer en él.

Salmos 101:3; Romanos 1:18; Hebreos 12:29; Hebreos 9:27; Romanos 2:5-11; Mateo 25:46; Apocalipsis 20:11-15.

El Pecador Perdido

El hombre, sin Dios, es un pecador perdido. Lleno de impiedad, deseos por la inmoralidad e incapaz de cambiar. Puede hacer cosas buenas, como ayudar a alguien, pero, detrás de esas “buenas acciones” hay egoísmo, orgullo, vanidad, etc… Y a la par que hace algo “bueno” (bondad aparente) cae en otros errores más visibles.

La Palabra de Dios lo describe, entre otras cosas, como “injusto, inútil, engañoso, asesino, insensato, rebelde, extraviado, esclavo de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, muertos en delitos y pecados, débiles, impíos, pecadores, enemigos de Dios” (Romanos 3:9-18; Tito 3:3; Efesios 2:1; Romanos 5:6-10).

El Cristiano

Mucha gente dice ser cristiana basada en que asiste a una congregación, en alguna clase de oración que repitió o que dice creer en Dios. Pero el cristianismo genuino no es algo invisible. La fe verdadera puede verse. Al nacer de nuevo fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales el Señor preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Por esto, el cristiano “resplandece como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15), y su luz alumbra delante de los hombres para que Dios sea glorificado.

Jesús no dijo que sus discípulos serían reconocidos por estar de acuerdo con las doctrinas correctas sino por su conducta (Juan 13:35) “en medio de una generación maligna y perversa” (Filipenses 2:15).

A un cristiano ineludiblemente se lo reconoce por el fruto visible de la obra de Dios en él.

Una persona que continúa viviendo en desobediencia a Dios NO es cristiana. Ella sigue en el mundo.

Tito 1:16; Santiago 2:17-26; Efesios 2:10; Filipenses 2:15; Mateo 5:14-16; Juan 13:15;  1 Juan 4:7,8

El Espiritu y su Obra

La tercera persona de la Trinidad es quien convence de pecado, de justicia y juicio. El es el agente sobrenatural en la regeneración y quién da poder para ser testigos efectivos de Jesús. El es la fuerza diaria de la Iglesia aquí en la tierra. El Espíritu Santo es quien “enseña todas las cosas” (Juan 14:26) y nos “guía a toda la verdad” (Juan 16:13). El “todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10) y nos hace saber “lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2:12).

El “alumbra los ojos de nuestro entendimiento, para que (sepamos) cual es la esperanza a que él nos ha llamado y cuales las riquezas de la gloria de la herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de su poder para con nosotros” (Efesios 1:15-23) y nos fortalece “en el hombre interior” (Efesios 3:16).

La llenura del Espíritu Santo o la falta de él en un creyente, hace la absoluta diferencia en la vida diaria y en su servicio a Dios.

Juan 16:8-11; Romanos 8:5-16; Tito 3:5; Efesios 5:18; Hechos 1:8; Hechos 9:31; Efesios 3:14-21; Colosenses 1:9-14; 2 Timoteo 1:6-8;

Cristo y su Obra

El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre sí la naturaleza humana con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes, mas sin pecado. Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella. Así que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas, la divina y humana, se unieron inseparablemente en una persona.

Murió en una cruz, resucitó y ascendió vivo a los cielos.

1 Juan 5:20; Hebreos 2:14-18; Hebreos 4:15; Lucas 1:26-38; Colosenses 2:9; Romanos 9:5; 1 Timoteo 3:16; 1 Pedro 3:18; Hechos 1:9.

La Caida del Hombre

Adán y Eva seducidos por Satanás, desobedecieron a Dios. Por este pecado cayeron de su rectitud original y quedaron muertos en el pecado, totalmente corrompidos, y “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Siendo ellos el tronco de la raza humana, “la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5.12) y la naturaleza totalmente corrompida se transmitió y “reinó la muerte” (Romanos 5:17).

Génesis 3; Romanos 3:10-18; 23; Efesios 2:1-3; 12; Romanos 5:6-8.

Dios

No hay sino un solo Dios, el único viviente y verdadero. Él es la única fuente de todo ser, de quien, por quien y para quien son todas las cosas. En la unidad de la Divinidad hay tres personas de una sustancia, poder y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Juan 5:26; Romanos 11:36; Lucas 3:21,22; 2 Corintios 13;14; 1 Juan 5:7.

La Biblia

Bajo el nombre de “Santas Escrituras” o la Palabra de Dios escrita, se encuentran todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento. Todos estos fueron dados por inspiración de Dios. Es inerrante e infalible. Solo la Palabra de Dios es la autoridad final que rige la fe cristiana. No está permitido igualar las palabras de ningún hombre con las Divinas Escrituras

2 Pedro 1:20, 21; 2 Timoteo 3:15-17; Mateo 5:18.